XIX Premios del Hospital Regional Universitario Carlos Haya
"Cruz de Malta"

Acto celebrado en el Jardín Botánico-Historico "La Concepción"

Viernes, 15 de junio de 2007


Discurso de la Directora Gerente

UN DÍA CON SUERTE

Una mañana de Octubre de 1851, en aquel tejar del barrio del Ejido, Francisco González y Pedro Chinchilla cavaban sin cesar para obtener el barro de sus tejas. De repente, algo duro irrumpió en su labor, 16 ladrillos sin mezcla enmarcaban unas tablas oxidadas de cobre, envueltas en un lienzo. En ellas se podía distinguir una larga inscripción difícil de comprender. Este podía ser un día de suerte, porque seguro que al Velonero, aquel fundidor de la calle de la Compañía, le interesaba comprarlas al peso.

Aquella fundición, era frecuentada por un experto de arte clásico, José Gálvez. Quedó prendado de la belleza de las tablas, a pesar de no comprenderlas, y tenía muy claro que no debían ser derretidas . Sin embargo , su modesta fortuna no le permitía saciar la codicia del fundidor. Pero ese también era un día con suerte, y al momento vino a su mente la imagen del único hombre en Málaga, que valoraría tan bella pieza y estaría dispuesto a rescatarla del fuego. Ese era el joven Jorge Loring, dueño de la finca de La Concepción, para el que su hijo trabajaba como apoderado.

No se equivocó. Cuando Loring lo supo, le falto tiempo para ir á verlas, convenir el precio con el dueño, abonarle lo estipulado y trasladarlas á su casa. No le importaba que el Velonero hubiera ganado 3500 reales por lo que había pagado 600 hacia unos días. Las verdaderas joyas no tenían precio, debió pensar.

Su primera recompensa le esperaba en su casa de la Alameda, donde su amada esposa Amalia Heredia, se moría de impaciencia por ver la alhaja que acababan de adquirir.

Providencia, lo llamaron los periódicos de la época por lo inesperado del descubrimiento y como se habían librado de la destrucción. Los amigos de los Loring acudían a su casa para satisfacer su curiosidad, aunque a decir verdad, aquellos letras eran enteramente mudas para todos ellos.

Jorge y Amalia, eran afortunados. Su íntimo amigo, Rodríguez de Berlanga, las tradujo, descubriendo que se trataba nada menos que de la Lex Flavia Malacitana, los primeros fragmentos de leyes municipales que se encontraban en Europa. Y lop que es mejor aún, en ellos se reconocía a los malagueños como ciudadanos romanos de pleno derecho.

A este hallazgo arqueológico se le unieron muchos más, que afloraban a la luz cada vez que la Málaga del siglo XIX crecía. Cada casa, cada fabrica, cada calle que se trazaba, en esa época de esplendor, hacía brotar de las entrañas de la tierra las más bellas joyas de las culturas que los precedieron. Eran algo más que simples mármoles, trozos de bronce o ladrillos, eran los valores que guiaron a nuestros antepasados hacia su futuro, nuestro presente hoy. Y allí, siempre estaba Jorge Loring para rescatarlos de la destrucción y llevarlos a su finca de La Concepción. Ese bello jardín, engalanado con plantas llegadas de todos los lugares de la tierra, se parecía cada día mas a un paraíso dignos de dioses y un remanso de paz para los hombres de buena voluntad.

Y es que Malaka, como llamaron los fenicios a nuestra querida Málaga, siempre había sido un lugar mágico donde venerar a los dioses para que nos rociaran con sus valores cada día, como a Astarté, diosa de la luz, la vida y el amor. Porque un pueblo que no tenga valores no tiene futuro por el que luchar.

Jorge Loring estaba convencido de eso, lo aprendió de su padre, que llegó sólo por unos meses de Massachusetts para ampliar su fortuna, y ya nunca volvió. Quedó fascinado por esta ciudad, y por una bella malagueña, con la que en un día de suerte también, decidió casarse, sin importarle que fuera la sobrina de su criada, y por tanto muy humilde.

Jorge Loring siempre había tenido suerte, al nacer en Málaga, al casarse con Amalia Heredia, al poseer esta finca de La Concepción... O quizá la suerte siempre sorprendió a Jorge invirtiendo en sensibilidad, cultura, conocimiento, constancia, ilusión… en definitiva en el futuro

A su preciosa Lex Flavia se le unió Urania, diosa de la Astronomía, que en otro día con suerte, apareció en el fondo de un estanque cegado, en la opulenta villa romana de la Cónsula, o el mosaico de Hércules, que le sirvió de base para construir aquí su adorado museo.

Cuando Jorge llegó al final de su vida tuvo miedo de que su tesoro, su colección de valores, no fueran cuidados, y legó algunas piezas al Museo Arqueológico, otras permanecieron aquí hasta que la finca fue adquirida por nuevos dueños, que dieron diferentes destinos a los mosaicos y a la bella Urania. Los que quedaron, dicen que perdieron parte de su esplendor, por la tristeza de haberse quedado solos.

Pero hoy, nuevamente es un día con suerte, de esos en los que Jorge Loring corría a su encuentro. Esta vez las joyas que han emergido de la tierra no son de mármol, ni de cobre, ni de piedra, son seres vivos que representan los valores de nuestro Hospital, que configuran nuestro particular Olimpo. Como joyas que son las hemos traído a este paraíso, para que los malagueños de hoy como los de entonces vuelvan a reunirse para admirarlas, y recupere este jardín, una vez más, todo su esplendor.

Francisco Diaz , Curro, es la reencarnación de Ponos, ese ser divino, intermediario entre los dioses superiores y los hombres, embajador infatigable, al que no asusta el esfuerzo, el trabajo pesado o el agotamiento. Su valor, el coraje de vivir que imprime a los que le rodean, la cortesía impregnada de franqueza, la capacidad para crear equipos, y su gran tesón.

Si Atenea, diosa auxiliadora de los héroes tuviera que renacer lo haría en Lola Ruiz Palacios . Esta enfermera de Urgencias Pediátricas, siempre ha elegido estar en el frente mas duro, el de los niños que se convierten junto a sus padres en nuestros pequeños héroes. Ella sabe bien como salir de las adversidades, pues las ha vivido en primera persona. La dureza de su vida, la ha hecho mas fuerte pero no mas inhumana, más tenaz sin perder su trato delicado. Por eso, no hay desdicha donde ella acuda, no hay calamidad que no palíe, ni desastre que no reconstruya.

Su valor la admiración que despierta por su buen hacer, el optimismo que infunde con su profesionalidad y el ser un ejemplo vivo del triunfo sobre el infortunio.

Francisca Arenas abre las puertas del cambio de la enfermería con su faceta mas humana hacia los pacientes, como Eos, diosa de la aurora, abría cada mañana las del cielo para que entrara el Sol.

Desde su atalaya en Digestivo genera ideas innovadoras, salpicadas de romanticismo, que envuelven a los suyos y los atrapan, permitiendo así avanzar hacía un nuevo orden de los cuidados.

Su valor lo afectuoso de su trato, su tenacidad, su capacidad de trabajo sabiamente mezclado con un conocimiento deductivo que permite adelantarse a los acontecimientos, y sobretodo su insaciable ganas de seguir aprendiendo

La Unidad de Personal , guía a los profesionales a lo largo de su vida laboral, como el Dios Helios conducía su ardiente carro de oro a través del cielo para dar luz a dioses y mortales. Solo ellos pueden controlar los feroces caballos de las normativas administrativas, para llevar a buen puerto a nuestros viajeros, que llegan de diferentes tierras, con muchas inquietudes, y a veces con un futuro incierto. Su valor, la generosidad de su tiempo, la inquebrantable disponibilidad, la dulce amabilidad y su eterna paciencia.

Teodoro Molina, Teo , mantiene el orden y el control del Hospital Civil para que todos y todo esten listos para comenzar a funcionar, como el titán Atlas sostenía el firmamento y la esfera de la Tierra en sus espaldas. Teo tenía claro que su deseo de cuidar a los demás se haría realidad, a pesar de haberse truncado su sueño de ser médico. No hay pasillo, consulta, rincón o vericueto que el no recorra cada día, impregnándolos de ilusión, con sus palabras siempre serenas y llenas de optimismo.

Su valor, cuidar a los que cuidan, mimar a los problemas hasta que se transforman en una solución que por arte de magia siempre es la mejor y regalarnos miles de días alegres que nos motivan a ser mejores.

Al igual que las diosas del encanto, las Cárites, nuestras Enfermeras de Enlace, se deslizan por nuestro titánico Hospital, desplegando su creatividad y alegría, acompañando a los pacientes más frágiles en su sufrimiento, dibujando el camino de la confianza en nuestro sistema sanitario público. Generadoras de esperanza para superar el trance de la dura enfermedad, se convierten en las mejores aliadas para la vuelta a casa con sus seres queridos. Su valor la grandeza de su trato, el derroche de comprensión, y su valentía para desarrollar una nueva forma de cuidar, envuelto con un gran lazo de equilibrio con el que afrontan todas las situaciones, por difíciles o abruptas que sean.

Cómo Hebe, le servía el néctar a los dioses para mantener su cuerpo, nuestras pinches obsequian cada día a nuestros pacientes las dietas prescritas, que con su imaginación y buen estilo, transforman en auténticos manjares, dignos de dioses. Vuelan con sus carros para llevar en las mejores condiciones de calor, color y olor la ambrosia de nuestras cocinas, con la que consiguen nutrir con su talante, los organismos indefensos de nuestros guerreros que se debaten contra la enfermedad. Su valor, la mesura, el apego y el cariño con el que vigilan celosamente la ingesta de nuestros ciudadanos.

Decían que la diosa Metis, era mas sabía que los dioses y los hombres, y eso es lo que deben pensar nuestros pacientes cuando reciben del Servicio de Neurología , su consejo sabio, envuelto en prudencia. Discretos, pero muy ingeniosos, son capaces de navegar con astucia entre la degeneración neurológica o el ictus traidor.

Su valor el trabajo metódico, la constancia, la capacidad para innovar y sobretodo la de establecer vínculos de unión, no importa donde estén, con todos aquellos que puedan arrojar un haz de luz al misterioso mundo del cerebro humano.

Cuentan que el dios Nereo dirigía al arrullo de las olas del mar, al que todos respetaban y llamaban Viejo Caballero, por ser uno de los dioses más antiguos. Mahir Abhesera , como último Jefe de Departamento, ha liderado como él las oleadas de ginecólogos que se han formado en ese inmenso mar del Materno, y que bañan con su conocimiento multitud de centros nacionales. Conocido por su veracidad y virtud, digno de confianza, sereno, nunca olvida qué es correcto, y sus pensamientos siempre son apacibles y rectos.

Su valor la disciplina, el respeto que enseña y emana, la exquisitez en el trato, su compromiso con la calidad en esa cantidad ingente de mujeres que se atienden cada día, siendo su mayor obsesión la equidad para todas ellas, no importando de donde vengan y hacia donde vayan.

Zeus era idolatrado por castigar la malda con su terrible rayo, igual que veneran al Servicio de Radioterapia aquellos que tienen el infortunio de padecer un cáncer. Su capacidad de tocar suavemente lo maligno para destruirlo, preservando lo mas preciado, lo sano, y con ello la vida, hacen de este grupo de profesionales uno de los mayores valedores en la lucha oncológica. Su arma mas poderosa las radiaciones ionizantes que sabiamente dirigen hacia las células neoplasicas en la próstata, útero, cérvix y recientemente en pulmón, buscando ya nuevos enemigos crueles a los que enfrentarse. Discretos, cautelosos, pero seguros de si mismos y valientes, salen al encuentro de la enfermedad, mas allá de sus salas, no entendiendo su desarrollo sin el trabajo interdisciplinar.

Su valor su empuje hacia el progreso, su compromiso con una asistencia de calidad y su gran lealtad hacia el sistema sanitario publico andaluz.

Tal Centauro Quirón, fundador y maestro de la Medicina, amigo de los hombres, Federico Soriguer se distingue por su bondad, justicia y pericia, en el arte de curar y de enseñar. A Quirón, Apolo le encomendó la educación de su hijo Asclepio, a Federico le confiamos nuestros residentes e investigadores, en la lucha denodada contra la diabetes, la falta de yodo y la defensa de la dieta mediterránea. Su valor la integridad, la sabiduría, la ecuanimidad y la capacidad de crear conocimiento a su alrededor. Y como no, habernos hecho recordar a todos nuestra propia historia, como homenaje a nuestros antecesores, dándole un nuevo valor a la palabra comisario, permitiéndonos disfrutar con el semicentenario que todos los profesionales de nuestro amado Hospital, se merecían.

Si nuestro querido Comisario ha sido la palanca que ha movido el universo del aniversario, los celadores del Materno-infantil han sido el punto de apoyo imprescindible para el desarrollo de todos los actos celebrados durante el pasado año. Ellos han sido nuestro Hermes, dios de los oradores, literatos y poetas, que han sabido estar en el momento justo en el lugar apropiado, con amabilidad y respeto para los foráneos, y con una fuerte dosis de camaradería, complicidad y amistad que permite transmitir la seguridad que necesitaban todos los protagonistas.

Su valor, la constancia, su capacidad para superar los imprevistos, y mimar a nuestros oradores permitiendo que destacaran como piedras preciosas en nuestra gran fiesta de cumpleaños.

Cuando te fuiste Jorge no podías imaginar que Malaka, llegaría a tener un yacimiento de tesoros inagotable, que ni tu podrías comprar, porque no se venden, sino que crecen y se desarrollan en los profesionales del Hospital Carlos Haya. Incombustibles al fuego de los fundidores de ahora, y trasparentes a todos los que los quieran contemplar, son humanos, pero quieren ser inmortales, como dioses, y para ello dejan la herencia de sus valores a las generaciones venideras que tendrán la responsabilidad y el honor de seguir conquistando el futuro. Y es que como tu, están completamente enamorados de esta ciudad. Si un día rescataste a la Lex Flavia del fuego, ellos la han conquistado después de 50 años de esfuerzo de la mano los “Amigos de Málaga”.

Cada mes de Junio, Urania se agita en su peana del museo, queriendo volar, y Hércules agita las duelas de su mosaico, queriendo caminar. Y es que les llega el aroma de las flores, el arrullo de las olas del mar, el sonido de los pasos de la multitud por los caminos, las risas y las voces, la emoción y los aplausos. No les cabe duda, los ídolos han vuelto al paraíso, están siendo admirados, y ellos no están.

No os rindais, porque hoy es nuevamente un dia con suerte. En nuestro yacimiento ya palpamos nuevas piezas, son muchas, se agolpan por salir. Laten, son tiernas, rezuman frescura, son nuestros nuevos valores, que no se fundirán con los embates diarios, ni se venderán a la mezquindad. Volveremos el próximo Junio con ellas, y en su lugar brotaran otras nuevas, con mas fuerza aún y así hasta la eternidad.

Hoy es un día con suerte, tenemos valores, tenemos futuro luego compartiremos con vosotros la inmortalidad

Tenéis tiempo de llegar, os esperamos en este paraíso, arrullados por las olas, envueltos en la esencia de las flores y acariciados por la brisa del mar.

Álbum de Fotos

PREMIOS CRUZ DE MALTA DE ENFERMERIA

  • Dña. Francisca Arenas González. Enfermera. Cirugía Digestiva Hospital General.
  • Dña. Dolores Ruiz Palacios. Enfermera. Urgencias Pediatría. Hospital Materno Infantil.
  • D. Francisco Díaz Rodríguez. Enfermera. Supervisor. Servicio de Urología. Hospital Civil
  • D. Teodoro Molina Llamas. Jefe de Celadores. Hospital Civil.
  • Unidad de Enfermeras Hospitalarias de Enlace. Hospital Regional Universitario Carlos Haya

PREMIOS DE MÉDICOS

  • D. Mair Abehesera Bensabat. Jefe de Departamento de Obstetricia y Ginecología. Hospital Materno Infantil.
  • Servicio de Oncología Radioterápica.

PREMIOS INNOVACIÓN Y DESARROLLO

  • D. Federico J. Casimiro-Soriguer Escofet. Jefe de Servicio de Endocrinología. Hospital Civil.
  • Servicio de Neurología

PREMIOS DE PERSONAL DE GESTIÓN Y SERVICIOS

  • Colectivo de Pinches. Hospital Regional Universitario Carlos Haya
  • Profesionales de Recursos Humanos.
  • Jefatura Personal Subalterno. Hospital Materno Infantil